El duelo del amor – Análisis del cuento “La Isla” de Jorge Bucay desde la tanatología

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Veo este cuento como una analogía, donde cada persona es una isla y es desde ese momento donde podemos entender todo lo que conlleva a la persona ya que dentro de nosotros conviven las emociones que nos hacen seres humanos con un punto de vista cada uno diferente.  A veces la isla puede hundirse y nosotros no nos damos cuenta hasta que las emociones salen desbordadas y nos preguntamos ¿por qué nos pasa? Sin entender que hay momentos dentro de nosotros que nos marcan tal vez no ahora sino después de analizar las situaciones.

 

Constantemente la razón hace que dejemos los sentimientos de lado y la conciencia nos reprocha si hemos actuado bien o mal, pero el sentimiento que impera es el amor… por más enojados que estemos,  por más tristes o felices, nos remonta a este sentimiento. Se dice que el amor es incondicional a la madre, al hijo, al amigo, al esposo, pero ¿Qué pasa cuando el amor es tan dependiente de los demás? ¿Cuándo se da una despersonalización al punto de no querer alejarnos o dejar lo que nos hace mal, o lo que nos entristece por el simple hecho de seguir sintiéndonos “amados”? eso es lo que le paso a este sentimiento al hundirse la isla, confió tanto en que solo sería algo pasajero que solo se centró en que si confiaba demasiado, podría ser diferente y evitar todo esto.

 

Cuando el cuerpo (isla) se va hundiendo por una perdida, sea cual sea, el amor a esta persona u objeto sigue ahí y a veces nos da miedo afrontar la situación de entender que no veremos más eso que nos hace felices y es ahí donde nos aferramos tanto que sin importar el dolor que nos genere no queremos o podemos avanzar, es a veces difícil y podemos dejar que el amor se hunda hasta que ya no exista más, pero en este caso como salvador en un mundo donde nos vemos en tristeza y desesperanza el único antídoto es el tiempo…¿Por qué? porque no disminuimos el sentimiento, sino que poco a poco entendemos que el desapegarnos a la persona u objeto no nos hace seres sin corazón sino que aporta a nuestro crecimiento el que aceptemos el proceso, la ausencia sigue pero no como algo doloroso sino como una oportunidad nueva de amar desde otro punto, ahí donde este sentimiento, el amor, sea algo que trascienda el tiempo y el espacio.

 

El amor es comprensivo y servicial;

el amor nada sabe de envidias,

de jactancias, ni de orgullos.

No es grosero, no es egoísta,

no pierde los estribos, no es rencoroso.

Lejos de alegrarse de la injusticia,

encuentra su gozo en la verdad.

1 Corintios 13:4-6

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